Diócesis de Barahona peregrina a la Basílica de Higüey, en su Año Jubilar 2026
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Este sábado 21 de marzo, en la Basílica de Nuestra Señora de la Altagracia en Higüey, la historia y la esperanza se entrelazaron en un abrazo de fe, con motivo de la peregrinación de la Diócesis de Barahona, en la celebración de su Boda de Oro (50 años de creación 1976-2026). Esta Iglesia particular enclavada en la región Enriquillo, de raíces fecundas y corazones generosos, con gratitud y huellas imborrables de tantos hermanos y hermanas que con su entrega silenciosa y de servicio generos han sido parte de la historia. Acompañada a lo largo de su caminar por los obispos monseñor Fabio M. Rivas Santo y monseñor Rafael L. Felipe Núñez, y en la actualidad es pastoreada por Su Excelencia Reverendísima monseñor Andrés Napoleón Romero Cárdenas, quien presidió esta celebración junto a los sacerdotes.
Al inicio de la celebración, monseñor Andrés dijo que la peregrinación, además de las comunidades de la provincia de Barahona, incluye a los pueblos de las provincias fronterizas de Jimaní y Pedernales. También recalcó que esta peregrinación de tradición diocesana es un motivo para dar gracias por el año santo que celebra la diócesis de Barahona y a la vez dar gracias a Dios por todo lo que ha regalado durante todos estos años. Así como agradecer a la madre, la Virgen de la Altagracia, por el acompañamiento durante todo este camino.
En la homilía, el prelado católico habló sobre el significado de la peregrinación dentro del Jubileo Diocesano. Un año Jubilar lleva consigo una renovación interior, purificación y ruptura de todas las cadenas que pudieron atar a las persona. Poniendo ante los pies de la Virgen de la Altagracia esta intención por los 50 años que celebra la diócesis de Barahona.
Un Jubileo constituye una ocasión para releer la historia a la luz de la fe, discernir la presencia providente de Dios en medio de la fragilidad humana y abrirse con esperanza renovada. La diócesis se reconoce como Iglesia en camino y pueblo de Dios que ha atravesado etapas de fundación, consolidación, fragilidad, crecimiento, purificación y esperanza.
Expresó que las advocaciones presentes en la diócesis son una auténtica pedagogía y espiritualidad mariana, que acompañan e iluminan con un aspecto esencial a la Iglesia, sugiriendo a su vez una orientación en la misión que se ha realizado y que queda hacia el futuro.
Antes de la bendición final, el Rvdo. Padre Edvard Jeudy, vicario diocesano de Pastoral, compartió algunas informaciones, entre las que se resaltan la misa crismal a celebrarse el jueves 2 de abril, en la catedral Nuestra Señora del Rosario, Barahona, al igual que la celebración del Gran Jubileo diocesano el viernes 24 de abril, extendiéndose esta fiesta hasta el 19 de diciembre para la concentración navideña.
Participaron feligreses, sacerdotes, religiosos, religiosas, diáconos y seminaristas de las distintas parroquias en la diócesis de Barahona.



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